¿Por qué hemos incursionado en la política?

  • Porque la oferta política tradicional no es capaz de resolver los problemas de fondo del país.
  • Porque, aunque la lucha contra la corrupción debe ser frontal y desde adentro, también hay otros valores que no deben sacrificarse en esa lucha, como lo son juicios imparciales basados en evidencia objetiva, la idea que somos inocentes hasta que se haya comprobado que somos culpables, lo que se ha logrado de unidad y armonía de nuestro Pueblo en los últimos treinta años, etc.
  • Porque no se puede reformar el Estado únicamente desde la teoría.
  • Porque aunque no participemos en política, la política de todas maneras se mete con nosotros.
  • Porque nuestra indiferencia ha abierto el camino a los peores.
  • Porque tenemos el deber moral de dejar un mejor país a nuestros hijos.

Se ha acusado siempre al liberalismo de ser demasiado intransigente; de rechazar invariablemente toda fórmula transaccional. Esa falta de flexibilidad le ha hecho perder la partida frente a los variopintos idearios anticapitalistas que por doquier han surgido. Su influencia todavía sería apreciable si se hubiera percatado a tiempo de la trascendencia que la habilidad, emparejada con la prudencia, tiene para ganarse el apoyo de las masas al emplear los eslóganes en boga. Los liberales, sin embargo, no se preocuparon tan siquiera de crear una máquina partidista, como, en cambio, hicieron todas las facciones anticapitalistas de uno y otro color. Desdeñaron las tácticas políticas, lo mismo en las campañas electorales que en las actuaciones parlamentarias, despreciaron el oportunismo y la contemporización. Tan obstinado doctrinarismo fue su quiebra; lo que, en definitiva, dio lugar a la derrota del sistema.

Ludwig von Mises

Liberalismo (1927) pág. 183