Derechos

Todos nacemos con vida, libertad, y propiedad; cada uno de esos fenómenos son más o menos limitados por nuestras circunstancias físicas, biológicas, y sociales. 

La vida, estrictamente hablando, es simplemente un espacio de tiempo determinado por nuestra genética y nuestras circunstancias.  Nuestra capacidad de acción, en otras palabras, nuestra libertad, es aquello que nuestra genética y nuestras circunstancias personales nos permiten hacer.  La propiedad con que nacemos es nuestro cuerpo, más o menos perfecto.  

 La vida es digital, on o off; nos queda tiempo para hacer algo o no hay más tiempo; no hay término medio. 

 La libertad es muchísimo más flexible; se estira y se encoge.  Tiene sus límites establecidos por la física, la biología, y nuestro ambiente.  En un extremo, la libertad existe mientras hay vida; el otro está prescrito por nuestras circunstancias físicas, biológicas, y sociales.  

La propiedad es un concepto más complejo.  Nuestro cuerpo, nuestra persona, es nuestra primera propiedad.  Esta posesión nos la dan nuestros padres, y con suerte nos dan más, o dejamos de vivir.  La comida con la que nos nutrimos es la segunda pertenencia; se convierte en parte de nuestro cuerpo.  La ropa con que nos protegemos del frío y el sol sigue.  Hacemos nuestra la tierra cuando marcamos un territorio para vivir, un campo para cultivar; tomamos materia y la convertimos en herramienta o arte.  Intercambiamos con otros.  Hacemos nuestro lo que nos hace sentir bien.  

La propiedad define los límites a lo que es tuyo y lo que es mío; ayuda a establecer una barrera entre potenciales peligros y yo.  Sin el concepto de propiedad, no existen los conceptos de robo, violación, o crimen.  No existe ni el bien ni el mal.   La propiedad es lo que hace posible los conceptos de derechos y obligaciones.  

La vida y la libertad, desde una perspectiva social y política, son aspectos de la propiedad.  No puedo exigir respeto a mi vida, si eso que anima mi cuerpo no es mío, si cada minuto de esa vida no me pertenece, si mi vida no es mi propiedad.  No puedo pedir que se respete mi libertad si el cuerpo con el que actúo no es mío, si no hay acuerdos inviolables de respeto a espacios que puedo ocupar.  No puedo disponer del arte que yo elaboro si mi creatividad, como parte de mi persona, no me pertenece.  

No puede haber sociedad sin propiedad.  La propiedad material y la propiedad personal descansan sobre el mismo concepto filosófico. El que no respeta la propiedad no tiene por qué respetar la vida y la libertad.  Sin propiedad sólo hay guerra y miseria.  

Los derechos en una sociedad son acuerdos recíprocos entre tu y yo que establecen los límites a lo que yo puedo hacer con aquello que te es propio y límites a lo que tu puedes hacer con lo que es mío, empezando con nuestros cuerpos.  Si quiero que respetes mi cuerpo, necesito respetar el tuyo, o no te relacionas conmigo o me haces la guerra.  Invocar la ira de los dioses si no sometes tu cuerpo a mis caprichos es obscurantismo del más craso.  Lo mismo aplica a todo aquello que poseemos legítimamente, o sea que se obtuvo bajo acuerdos voluntarios de respeto a ciertos límites.  

Las promesas o contratos son acuerdos que definen la propiedad en el futuro.  Si yo no cumplo una promesa, te robo, violo tu propiedad, sea un bien material que acordamos sería tuyo a futuro o tu capacidad de actuar como te fue prometido.  Por el mismo concepto de propiedad, toda promesa necesita ser voluntaria o es una violación a la libertad y propiedad de la persona.  Para que haya un máximo de cooperación, las promesas necesitan cumplirse.  Sin promesas cumplidas, no hay cooperación, no hay división de trabajo, no hay prosperidad porque se está violando el acuerdo sobre la propiedad a futuro.  

Un Estado donde no hay respeto para la propiedad, donde la propiedad no es un derecho, es una sociedad sin fundamento.  Ni siquiera puede concebirse la idea de un Estado sin el concepto de propiedad, que es lo que define los derechos y las obligaciones.  Sin el concepto de propiedad ni siquiera puede existir el concepto de pobreza o riqueza porque no hay con qué medirlos.  Fuera del derecho a la propiedad, las relaciones entre seres humanos son las mismas relaciones que rigen al resto de los animales en la selva, la ley del más fuerte, que por necesidad o capricho priva a alguien de lo suyo.  Así, no puede haber cooperación, ni bienestar, ni seguridad de ninguna clase.