¿Qué es PLG?

El Partido Liberal de Guatemala es una entidad política, organizada a partir de una filosofía de respeto y defensa de los  derechos fundamentales del ser humano:

Vida

Toda persona tiene derecho a existir en paz y en comunidad sin perjudicar a los demás.

Libertad

Toda persona tiene derecho a tomar sus propias decisiones y actuar sobre ellas responsablemente.

Propiedad

Toda persona tiene derecho a disponer del producto de su trabajo y esfuerzo.

Consideramos  que la colaboración espontánea y voluntaria de cada individuo es la mejor contribución al desarrollo y crecimiento de  una sociedad productiva, pacífica, y solidaria.

Proclamamos una ideología basada en el liberalismo clásico, acorde con el concepto de que cada ser humano tiene la capacidad de decidir y actuar, sin coerción ni privilegios, para buscar su propio bienestar y desarrollo.  Creemos que la razón de ser del Estado es garantizar la convivencia pacífica de los ciudadanos; y que el Gobierno es el responsable de proveer seguridad y administrar la justicia.

Reconocemos que la libertad de cada individuo está limitada por los derechos de sus conciudadanos; y que el respeto mutuo propicia el florecimiento de una sociedad productiva, pacífica, y solidaria.

¿Por qué hemos incursionado en la política partidista?

  • Porque la oferta política tradicional no es capaz de resolver los problemas de fondo del país.
  • Porque la lucha contra la corrupción debe ser frontal y desde adentro.
  • Porque no se puede reformar el Estado únicamente desde la teoría.
  • Porque aunque no participemos en política, la política de todas maneras se mete con nosotros.
  • Porque nuestra indiferencia ha abierto el camino a los peores.
  • Porque tenemos el deber moral de dejar un mejor país a nuestros hijos.
Se ha acusado siempre al liberalismo de ser demasiado intransigente; de rechazar invariablemente toda fórmula transaccional. Esa falta de flexibilidad le ha hecho perder la partida frente a los variopintos idearios anticapitalistas que por doquier han surgido. Su influencia todavía sería apreciable si se hubiera percatado a tiempo de la trascendencia que la habilidad, emparejada con la prudencia, tiene para ganarse el apoyo de las masas al emplear los eslóganes en boga. Los liberales, sin embargo, no se preocuparon tan siquiera de crear una máquina partidista, como, en cambio, hicieron todas las facciones anticapitalista de uno y otro color. Desdeñaron las tácticas políticas, lo mismo en las campañas electorales que en las actuaciones parlamentarias, despreciaron el oportunismo y la contemporización. Tan obstinado doctrinarismo fue su quiebra; lo que, en definitiva, dio lugar a la derrota del sistema.
Ludwig von Mises, Liberalismo, (1927) pág. 183.